Por Gusama:
—La chica yacía en el suelo tras disparar, eso es lo que ocurre cuando se hace con una sola mano. Al tiempo que el fuego comenzaba a extinguirse ella se desangraba; entonces me le acerqué, emitía aún ese olor a rosas que me desconcertaba. Pensé en aliviar su dolor y dejarla ir, pero algo me detuvo.
»Cerca, el Dr. Luis me miraba estupefacto, vio que la herida en mi vientre comenzaba a sanar. Puse dos dedos, índice y cordial, sobre mis labios, señalé el cadáver de Cronin y le lancé un beso… hubo una explosión, sus restos fueron consumidos.
»Regresé a mi forma humana y me desmayé.
»Tiempo después, al despertar, el Dr. Luis dijo que tenía muchas preguntas; le dije que le atendería al terminar algunos compromisos; hoy al venir aquí con usted los cumpliré.
El psicólogo me mira fijamente, recarga su mano sobre su barbilla, presenta una ligera barba, supongo que no cree nada de lo que le digo. Por fin dice:
—La chica, ¿quisiste matarla? —asiento con la cabeza—. ¿Qué te detuvo?, ¿Qué hay en su aroma a rosas que te pareció tan extraño?
De todas las cosas que me pudo haber preguntado, me siento abrumado por esta particularidad en la que se fija. Busco en mi interior la respuesta. Agacho la cabeza mirando mi pecho, lo encuentro, abro más los ojos y lo miro, me sonrojo…
...
Notas del Dr. Sierra:
«Evolución convergente. Tal es la fórmula. Pedro, como él me ha pedido que le refiera, no es un híbrido lobo, mitad humano; sino el último eslabón de una cadena evolutiva de una criatura similar al lobo, más bien de su familia, los lobos bestia. Pedro es por tanto miembro de una especie, que nada tiene que ver con magia, hasta ahora no descubierta: el Homo lupus belua (o hombre-lobo-bestia, como he decidido clasificarla).
»Pedro me especifica que hay más como él. Algunos viven al margen de la humanidad y otros mezclados entre nosotros. Le pregunté si hay otros tan hostiles como el “Wawa”, me revela que definitivamente sí los hay.
»Ante mí veo una gran área de investigación, me imagino retomando mis viajes al extranjero que hace tiempo dejé atrás; recorriendo sitios ancestrales y descifrando mitos y leyendas. Luchar contra la monstruosidad humana y, con la ayuda de Pedro, aquella que no lo es. Pienso: “No es correcto que un hombre use la violencia para pelear contra la violencia, no es posible que un hombre triunfe frente a las bestias, pero un monstruo si puede”, quiero reclutar a Pedro, quiero convertirle en ilitiólogo. Sin embargo, recapacito, no deseo alentar a Pedro a ese salvajismo del que quiere alejarse; es mejor guiarle, como es su voluntad, a ser lo más humano posible y sobre todo, lo más racional y éticamente justo.
»Sin embargo no resistí el ansia de conocimiento, la eterna curiosidad y la búsqueda de la verdad. Me armé de valor y le propuse a Pedro realizar un viaje de descubrimiento. Él aceptó bajo una condición, que convenciera a la Srta. Bocanegra de venir con nosotros, no entiendo el trasfondo de esta solicitud, pero acepté el trato.
»Pedro me miró agradecido, me dijo que por fin, después de un periodo de oscuridad tenía un motivo para vivir, un objetivo y un sentido de vida.
»Convencer a Bocanegra de unirse a nuestra cruzada no fue fácil, dijo sentir miedo; pero al mismo tiempo una fascinación por aquel ser. Al final, y aun con reservas, accedió. Dijo: “podemos probar, a ver qué sale”.
»Hemos salido al mundo para enfrentar la estupidez. Al final lo único que queda es la estupidez humana y es grandiosa, nos permite aprender y avanzar».
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