Humano demasiado imbécil
El dominio de las instituciones sobre la existencia humana
Homo hominis pitecus
(El hombre como un mono para el hombre)
o el papel del poder en la transformación del hombre en mono
Por Gusama:
—Él esta soñando en este momento —dijo Tweedledee—; ¿con que crees que sueña?
—¿Cómo podría saberlo? —dijo Alicia.
—Pues deberías saberlo, porque es precisamente contigo que está soñando —dijo Tweedledee, […]—; no podría ser de otra manera, pues si dejara de soñar contigo, ¿Dónde crees que estarías tú?
—¿Pues dónde habría de ser? —dijo Alicia— ¡Aquí mismo!
—¡Ni lo pienses! —Afirmo Tweedledee con cierto desdén— Tú no estarías en ninguna parte, porque tú no eres más que el objeto de su sueño.
—Así es —reiteró Tweedladum—, si el rey se despertara, tú te apagarías como una vela que recibe un soplido.
Lewis Carroll, Alicia a través del espejo.
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Se dice que los seres humanos somos entes sociales por naturaleza (porque necesitamos de compañía), pero también lo somos artificialmente. Esto quiere decir, que las personas formamos grupos (sociedades) por instinto de supervivencia, adaptación y por conveniencia. La sociedad es un conjunto de personas que comparten características y necesidades que coexisten en un mismo entorno. Las personas nos requerimos y utilizamos los unos a los otros puesto que somos dependientes de estos y sin los otros no podríamos desarrollarnos plenamente. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no se elige a las personas que nos rodean, no se elige a los padres, ni con quien se labora en una institución. Por consiguiente, la convivencia puede ser obligatoria, por lo que surgen las normas de conducta que pretenden que dicha coexistencia sea lo más pacífica posible, en otras palabras, adaptativa. Aquí adaptación no es sinónimo de evolución sino de represión. Los fenómenos dentro de las interacciones operan en base a razones consientes e inconscientes, al lograr entender dichos fenómenos, es posible manipularlos o guiarlos hacia determinados objetivos. Por otra parte, según la psicología social, las características necesarias para que se dé una relación social son: la proximidad (física), y la afinidad (accesibilidad, familiaridad y semejanza). De modo que los niños de una cuadra vecina se convierten en amigos y forman una pandilla a causa de vivir cerca y coincidir en gustos. Los adolescentes en la escuela se “juntan” con los compañeros que se sientan contiguos a ellos, o con aquellos que comparten una identidad (en el sentido de tribu urbana), que pretende dos cosas: ser diferente de los demás, pero parecerse a unos cuantos. El paradigma de la identidad es: “Confía en unos cuantos, desconfía del resto”. La asociación es en sí necesaria, pues el aislamiento es doloroso, estar separado es estar desvalido, por lo que se desea ser querido, ser aceptado; pero los vínculos también frustran, ya que motivan a la competencia, porque todos tenemos el mismo anhelo de felicidad, y suponiendo que no existen bienes suficientes para satisfacer a todos, surge un combate; generando así sentimientos ambivalentes. Se busca pertenecer a una agrupación para no estar solo, pero el grupo exige que uno se adecue a él. La individualidad se doblega ante la colectividad, surge el conformismo, el individuo se convierte en autómata. Fromm señaló que: “Hoy en día, igualdad significa «identidad» antes que «unidad»”. Identidad es compartir gustos, pasatiempos, empleos, ideologías, etcétera. Por lo cual el humano esta enajenado de si mismo, de sus semejantes y de la naturaleza.
¿Qué es la humanidad?
Humanidad es el conjunto de humanos, la especie humana (Homo sapiens), los mamíferos primates más evolucionados (pero imperfectos); animales dotados de mayor inteligencia, mayor conocimiento, mayor conciencia de sí mismos, de un lenguaje articulado, y caracterizados por un cerebro voluminoso, postura erguida y manos prensiles. Pero también, humanidad se refiere a la condición del humano y la búsqueda de lo humano. La aspiración del bien común, la preocupación y compasión por el semejante y la ayuda al desvalido (en un sentido de humanitarismo o filantropía). El compromiso por mejorarse a uno mismo, hacerse menos cruel, menos duro, y en consecuencia al entorno; siendo auténtico, aceptando al prójimo en sus diferencias y semejanzas (en un sentido de humanismo). O la mera imperfección, una serie de equivocaciones, ruindad y absurdo (pues todo error es humano). Etimológicamente humano proviene del latín humus: humo, polvo; una alusión a la historia bíblica de la creación de Adán, hecho del polvo. Igualmente de humus proviene humillar, destruir hasta convertir en polvo, y humildad que es darse cuenta que se es ceniza y por tanto finito, por tanto obrar con sencillez. Empero, los humanos nos hemos levantado por encima del polvo y la tierra, reproduciendo a Nemrod, otro personaje bíblico, creamos nuestra propia Torre de Babel; alejándonos de lo inferior, de la naturaleza, aspirando a ser más que un animal y más que un dios. Creando una congregación seudo-perfecta; un constructo de leyes, normas valores e instituciones con millones de esclavos enajenados sometidos a sus órdenes, fabricando confusión, dado que no se habla ya el mismo idioma. Fernando Savater dijo en alguna ocasión: “Nuestra humanidad necesita una confirmación posterior, algo así como un segundo nacimiento […]. Hay que nacer para humano, pero sólo llegamos plenamente a serlo cuando los Demás nos contagian su humanidad”. El contagio al que se refiere Savater es el aprendizaje de significados (la nacionalidad, el nombre, el idioma, la moral, el vestido, la ley, etcétera). Esta absorción de la cultura étnica e histórica es impuesta, es decir, circunstancial. El contagio es posible mediante la socialización; la interacción con otros seres humanos definen nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestros roles, valores e ideas, asegurando nuestra supervivencia. Por lo tanto, llamemos especie humana al conjunto de individuos (no tan individuales, sino dependientes) sujetos a una comunidad segmentada en pueblos, ciudades, naciones, y demás; con una historia y cultura colectiva. Que a través de miles de años de evolución hemos aprendido a modificar nuestro ambiente a nuestra imagen y semejanza, creando un sistema social avanzado cada vez más en tecnología y conocimiento. El costo es que las personas desde nuestro nacimiento somos obligadas a prepararnos para sobrevivir en el mundo moderno, perpetuarse a la situación cotidiana, adaptarnos cada 5 minutos a un nuevo ambiente creado por nosotros mismos (dígase colegio, trabajo, transporte, café de Internet, etc.); asistir a la escuela, estudiar una profesión, desempeñar una función, dejar de ser Juan Pérez, para convertirse en el abogado, en el médico, en el psicólogo, en el vendedor de tacos o en el criminal. Ocupar un oficio para la marcha correcta del Sistema (una versión real de la utopía de Huxley, donde cada quien ocupa un lugar y una función), convertirse en un engrane de una máquina, una pieza de Lego. Nos convertimos en trabajadores para obtener dinero que nos sirve para comprar bienes y servicios que mejoraran nuestra “calidad de vida”; obtenemos alimento (combustible), para segur viviendo (sobreviviendo), para poder seguir trabajando, con la esperanza futura de corregir nuestra situación. Mejorarse aun superando a los otros, que son peldaños. Esto significa, desde una perspectiva utilitaria, que la sociedad nos permite autorrealizarnos aunque a veces “se pisotee” a los otros. La sociedad moderna es similar a una prisión, una cárcel social, Vasconcelos la describió así: “Un monstruo que vive de sí mismo, devorándose a sí mismo”, algo similar al Leviathan de Hobbes: homo hominis lupus, el hombre como lobo para el hombre. Una cárcel creada por el hombre para el hombre, convirtiendo al hombre en títere de si mismo. Ergo, la institución penal y el edificio “correccional”, es una pantalla para hacernos creer que somos libres. ¿Qué es la libertad? La libertad es sólo un invento para darnos un sentido de existencia, ya que realmente nunca se es libre del todo, nunca se está afuera, se sale para entrar a un nuevo lugar. Desde el nacimiento, al liberarse del útero para entrar a un nuevo útero social, los humanos somos entrenados y condicionados. ¿Qué somos, individuos o productos de las circunstancias?; por ejemplo: si tomáramos a una persona y le hiciéramos una copia idéntica (un clon), y los educáramos y sometiéramos a exactamente las mismas situaciones en el mismo tiempo, ¿qué obtendríamos? ¿A dos que son uno mismo o a dos que son diferentes?, tomemos a esos “individuos” y eduquémoslos de modo distinto, ¿qué obtenemos a dos personas diferentes o su memoria genética demuestra que a pesar de todo son idénticos?; la pregunta es: ¿Cómo es que en el primer caso para demostrar que no somos productos de las condiciones tenemos que obtener a dos personas diferentes, y en el segundo para demostrar lo mismo tienen que ser iguales? En resumen, no somos lo que hacemos, somos lo que nos hacen ser, el universo y las cosas no son lo que son, sino lo que nos dicen que son; ¿quién nos lo dice? El estado, la escuela, la iglesia y en especial el mercado. Los medios de comunicación, la televisión principalmente, nos venden no un producto, sino un estilo de vida; compramos cosas que no necesitamos, ropa o tonos de celular, para estar a la moda, para creer que hemos escalado a un nivel más alto, más sano y mejor. Regalamos pasteles de cumpleaños, tarjetas con mensajes cursis, regalamos flores a nuestras parejas, regalamos afecto en forma de artículos, quizá para comprar a la otra persona, para comprar su cariño, su amor, ¿el amor existe o sólo es un invento de la mercadotecnia? ¿Realmente uno elige a su pareja o es una serie de sucesos movidos por una “fuerza superior” que nos hace estar en un determinado lugar y en un tiempo determinado para conocer a alguien y enamorarnos? Por tanto, el amor, al igual que la libertad, es una idea vendida; ¿pero para qué? Porque las personas enamoradas, seguramente se casaran, tendrán hijos (nuevos esclavos, reproducción de la fuerza de trabajo), y tanto los padres y su progenie necesitaran servicios o productos; los hijos crecerán y tendrán sus propios hijos en una cadena que durará mucho tiempo. Es por esto que el sexo es un medio productor de esclavos, por eso el control sobre él, según la conveniencia de las instituciones; así, la invención del condón que un regulador de la reproducción, lo que se vende hoy en día es el placer, las instituciones nos dicen siente placer con mi producto o bien, no sientas placer; regulan. Con la invención del condón las personas son libres de ir y tener relaciones sexuales con quien quieran, pero también les otorga la libertad de elegir con quien quieren tener hijos. ¿Pero por qué quieren tener hijos? Debido a los medios que nos han vendido la idea de familia como el principio de todo bienestar y estabilidad. Toda persona quiere una sola cosa: ser feliz. Si nos dicen que se puede comprar la felicidad, es preciso trabajar para obtener el capital necesario; si uno tiene lazos también quiere la felicidad de su semejante, así que es preciso trabajar para darles una vida mejor, lo que uno no pudo vivir. Eso es la familia, un medio productor. Entonces, ser humano, es ser un producto, un esclavo (vaya ironía productos comprando productos). Lo que nos dicen sobre la libertad, el amor, el enamoramiento, la esperanza, la fe, cada concepto abstracto, sólo son ideas vendidas, compradas por las personas para dar una razón a su existencia.
Ahora, ¿es posible cambiar las cosas?, o ¿esta también es una idea vendida para otorgarnos la esperanza de que podemos mejorar? Platón en el mito de la caverna nos enseña que: los titiriteros, esa “fuerza superior”, somos nosotros, pues nosotros creamos nuestra prisión, y que por medio del conocimiento se puede cambiar las cosas. Por su parte Fromm asegura debido a que la cultura provoca represión social que es directamente proporcional a los trastornos neuróticos y que la sociedad aniquila a la individualidad, solo mediante un desarrollo dinámico de ésta, lo que no significa aislarse, sino unirse mediante la espontaneidad y el amor activo (no pasivo) se llega al bienestar. Entender que si bien no tenemos la libertad de (que no podemos dejar de pertenecer a la especie), tenemos la libertad para (elegir entre las posibilidades) y desarrollarnos en la singularidad. La individualidad no significa aislarse, significa ser auténtico, original. La igualdad no significa que no hay diferencias, significa que somos semejantes por que todos somos diferentes. Que venimos de la misma ceniza del mismo germen, que contenemos la misma semilla pero depende de nosotros mismos su progreso. A veces, el sufrimiento se apodera de nosotros y se culpa a las circunstancias, señalamos que nuestra situación nos obligo a tomar medidas extremas, que no había otra opción, pero siempre hay opción, aunque esta sea más difícil; siempre es posible decir no; siempre queda la voluntad, elegir de entre las posibilidades, elegir el camino que uno quiere seguir, de manera consciente y responsable. Greg Graffin, en su manifiesto Punk, señala: “Aquellos que pierden el contacto con su naturaleza se convierten en robots de la sociedad, mientras que aquellos que denuncian su desarrollo social se convierten en animales vagabundos. El Punk simboliza un deseo para caminar la línea en medio de estos dos extremos con magistral precisión”, ser humano, no significa ser un autómata ni ser una bestia. El cambio, que ocurre en la singularidad no en lo colectivo, proviene de la rectificación. Rectificar es diferente de excusarse o disculparse, no es evitar la culpa mediante la justificación de los hechos; es aceptar que se ha sido influenciado por las circunstancias y marchar adelante para remediarlo. Es un compromiso constante por mejorar, mediante la fe racional (que no es creer a ciegas) en que esto es posible y no otra idea vendida.

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