¿Qué hay dentro de la mente de Gusama?
martes, 28 de junio de 2011
The Ilithiologist (5): Testimonios
martes, 21 de junio de 2011
The Ilithiologist (4): Camino a la depresion
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| Siguiendo la vía del lobo |
martes, 14 de junio de 2011
The Ilithiologist (3.5) - Crossover
«¿Razón?, vaya que la tengo, tengo sobrada razón. El tiempo siempre se ha encargado de hacérmelo saber.
»Es mi don, mi maldición, que ¿quién soy? Soy Gusama, the Hypothesis-Man».
—Ha llegado un nuevo paciente, cree fervientemente que es una especie de hombre-lobo o algo por el estilo, pero no se comporta como un animal salvaje (como en la licantropía clínica) —le digo a la ojiverde Aurora, colega y amiga.
—No sería la primera vez que atiendes a una «criatura sobrenatural» —contesta sarcásticamente, se refiere a aquella vez que tuve un caso con un tipo que se creía Dios.
—¡Ja, si seguimos así pronto seremos parapsicólogos! (o teratopsicólogos) —aludo a la ocasión en que ella me contó de algunos de sus casos más raros: «el resucitado de los muertos» y «el vampiro ciego abstemio».
—Sí y luego atenderemos extraterrestres (la xenopsicología)… «Ah, doctor sueño que viajo a mi planeta natal, pero hace dos años que fue destruido» —bromea, me da gusto, rara vez lo hace—. ¡Ay sí!… pero bueno, volviendo a tu caso, ¿es alérgico a la plata? —risas.
—Aún no le he preguntado, pero en una de esas… (No, ya en serio) sospecho de una esquizotipia o una psicosis histérica. Se crea síntomas, por ejemplo dice que «toma» las emociones de otros y las actúa de forma aumentada. Así que no sería extraño que creyera que es vulnerable a la plata; aunque por lo que me mencionó eso ha sido deformado por las creencias populares.
—¿Qué estás trabajando con él? —Ella duda.
—Debatimos las ideas que tiene sobre si realmente toma la personalidad de otros o sólo infiere y actúa.
—Mmm… ¿Dices que toma la personalidad de otros, cómo te ha ido con la transferencia?
—De alguna forma notó mi natural ansiedad y la actuó (aumentándola, claro); pero también falló, fingí que me sentía molesto por algo que dijo, habilidosamente lo detectó y lo representó. Comprobé que era él de quien venían los estados emocionales y que realmente no leía el pensamiento.
—No te cansas de tenderle trampas a las personas, ¿verdad? —me acusa, pero muy amablemente.
—Es uno de mis vicios, ahora sólo lo uso para ayudar a mis pacientes.
—Me parece muy interesante como este paciente tuyo toma como arquetipo al hombre-lobo y no a un vampiro, que por cierto están de moda. Quizá divague, pero es llamativo desde el punto simbólico…
—Aquí vas con tu mitología… —muevo ligeramente la cabeza, a Aurora le gusta lo jungiano y lo frommesco; a decir verdad a mí también, talvez por eso somos amigos, divagamos mucho y cuando lo hacemos no hay poder que nos detenga.
—Las personas somos también animales, pero nos hemos separado de la naturaleza, como en el mito de Adán y (Gü)Eva. El hombre-lobo representa la regresión hacia ese origen, hacia la Madre, el vientre materno, la tierra, la naturaleza, el lado siniestro, la muerte; asimismo, es la unificación de las polaridades, la lucha entre el humano dotado de razón y la bestia guiada por sus instintos (el síndrome de Dr. Jekyll contra Mr. Hyde), creación y destrucción, yin y yang, persona y sombra. Por su parte, el lobo es un ente social, pero elitista, asociado con la inteligencia y el liderazgo, agresivo, sigiloso, hábil. ¿Cuáles de estas características cumple tu paciente?
—Es dramático, como todo buen histriónico (o narcisista o quizá antisocial), así que probablemente es un manipulador, por tanto agrede a otros «arrebatándoles» el control, les quita su personalidad, socializa de esa forma —ahora yo estoy dando simbolismos.
—Las personas estamos solas en el mundo, es una necesidad humana asociarse, no estar separado; tu hombre-lobo no es un monstruo, es muy humano. Se conecta con otros «robando» su emoción.
Miro el reloj, se ha hecho tarde, me despido de Aurora, me da mucho gusto hablar con ella, aunque sea poco frecuente. Le deseo suerte en su próxima película (ella también es actriz). Al final me dice: «Nos vemos luego Gus, la próxima vez que rompamos la cuarta pared».
...
—Continúa en: The Ilithiologist (El Ilitiólogo), capítulo 4
jueves, 9 de junio de 2011
The Ilithiologist (3): Dulce doppelganger
¿Existe ese verdadero yo, o como mi terapeuta señala es sólo otro esquema cognitivo, otra idea falsa?
Pienso, pienso todo el tiempo. De camino a su casa lo hago. Una y otra vez mi mente rememora sus lamentos antes de morir.
Entro a su sala y me dirijo a la alcoba. Abro la puerta sin vacilación, recostada sobre su cama su cuerpo yace desgarrado y desangrado. Sus manos están destrozadas y sus esculturales piernas devoradas. Aún puedo ver su rostro, mantiene el último gesto que de ella surgió.
—Sólo he venido a despedirme y a pedirte que me perdones, es mi naturaleza. Quisiera decirte que estás ya en un mundo mejor; pero no, eso no existe.
Un póstumo beso sobre su mejilla, me alejo y ella arde en el fuego.
viernes, 3 de junio de 2011
The Ilithiologist (2): Terapia
El terapeuta me miró y habló con voz amable; su aspecto era el de un erudito con un mal corte de cabello, no muy formal, lo suficiente para recordarme quién era el especialista del cuarto:
—Entonces, ¿qué ocurrió?
¡Ja!, ¿yo en terapia? Un monstruo en tratamiento. ¿Será que me humanizo o será que quiero recuperar eso que perdí y que no estoy seguro de haber tenido?
Miré al sujeto, me cuestioné qué hay en él, cuál es su sentimiento. Escuché su pregunta y dudé, quise hablar pero algo me lo impedía, esa emoción profundamente guardada detrás de la fachada de profesional. Vi su gesto epistemofílico y tragué saliva, sentí un nudo en la garganta, me faltaba el aire, sudé. Detrás de toda esa supuesta seguridad se escondía un hombre ansioso.
—Me la comí —por fin solté; tuve ganas de llorar, sentí culpa, una enorme culpa.
—¿A qué te refieres?, ¿lo dices en sentido figurado?
—Ella me dijo: «¡Te atrapé!, ¿dónde está tu dominio sobre los instintos y los deseos?»; «¡Ja —contesté—, esto no tiene que ver con moralidad sino con la necesidad!» Nos fuimos a la cama, su olor era intenso y su pasión me consumió, me alimenté de ella y mi fervor aumentó tanto. Convertí su deseo en mío y lo maximicé y ya no pude controlarme…
—¿Notas cómo responsabilizas a otros por tus acciones? —interrumpió.
—Ya se lo había explicado, percibo el pesar de otros, me comunico y me comporto conforme a ese sentir. Es la emoción de los otros, no la mía.
—¿Sabes qué es lo que estoy sintiendo en este momento?
—Sí… tiene miedo, detrás de su imagen de seguridad se esconde un profundo temor a fallar. Le asusta equivocarse, errar y dañar y que lo dejen solo.
—¿En qué te fijas para inferir eso?, ¿qué hay en mí que te da esa imagen?
Temblé, mi corazón latía con fuerza:
—Usted perdió a alguien… —susurré—. Y fue su culpa, vive con el miedo de perder de nuevo, usted es débil y cobarde.
Sentí un dolor en mi cuello, mis ojos querían salirse de sus cuencas, mi cuerpo estaba tenso, mis puños se cerraron. Grité:
—¡Usted siente ira!
…De pronto nada, no había emoción, me sentí en paz, una infinita tranquilidad:
—¿Cómo lo hizo?, ¿cómo se relajó?
—De alguna forma has aprendido a reconocer cambios emocionales en otros mediante la observación de pequeñas señales. Los entiendes, los haces tuyos y los aumentas. No puedo aceptar que sea el otro quien te «contagia» un estado, si fuera así, sería recíproco, con igual intensidad; no mayor. Quien lo aumenta eres tú mismo.
—¿Puede enseñarme a relajarme?, porque ahora usted no me trasmite nada.
—¿Y qué quedó detrás de esa nada?
—Quien aumenta los estados emocionales. Quedó el verdadero yo, quien está soy yo mismo… ¿Usted puede enseñarme a ser yo mismo?
…


